Ilustración de Teresa Suau

Estoy de pie en mi cocina, es temprano y yo: medio dormido. De acuerdo, hasta aquí nada nuevo si tenemos en cuenta que hoy es lunes. Lo que ya no encuentro tan normal, es que en la radio me den los buenos días en «este soleado y cálido martes del mes de Enero»; Para nada normal, si tenemos en cuenta que ayer nos acompañaba un intenso temporal de frió y lluvia —por otro lado habitual en estas fechas— además y como ya he comentado antes: hoy no es martes, sino lunes. Estos programas matinales ya no saben qué hacer para innovar. A veces encuentro estas bromas de primera hora algo pesadas. Lo habitual es que la gente no esté demasiado avispada recién levantada. Mientras se calienta el café miraré mis redes sociales y lo que mis contactos han hecho entre ayer por la noche y esta mañana. Visto así, me doy cuenta de que en general estamos realmente algo enganchados, pero tampoco exageremos con el asunto. Podría haber levantado la persiana y haberme quedado embelesado mirando la calle y como mis vecinos empiezan el día. De hecho, estoy haciendo lo mismo, pero a través de la «ventana virtual» de mi teléfono móvil. Avispado no sé, pero lo que sí que estoy esta mañana es ocurrente y más filosófico de lo normal. Ahora sí empiezo a asustarme, tengo entradas nuevas pendientes de leer de dos días. El último mensaje leído es del domingo 24 de Enero. Pero vamos a ver, hoy no es martes. Ayer por la noche estuve viendo la película de los domingos. Ayer al mediodía fui a comer a casa de mis padres, como cada domingo. Ayer domingo vi el partido de liga de los domingos, ¡Ayer era domingo y hoy es un jodido lunes como todos los demás jodidos lunes del año! Iré al salón y abriré las persianas porque ahora ya estoy perdiendo la paciencia. ¿Pero qué…? Sol, buena temperatura y gente en manga corta. Está bien, calma. Siempre tiendo al histerismo. Ahora es cuando me despierto, estoy sudando y todo ese rollo.

Alguien ha hecho sonar el timbre ¿Quién llama a la puerta un lunes por la mañana? O martes por la tarde o el día que quiera el señor Morfeo que sea. Espera, acabo de escuchar una voz. Bueno, la he escuchado yo y la debe haber escuchado todo el vecindario, porque suena amplificada por un megáfono. Como en las películas americanas pero en un castellano con acento Argentino; creo. «Señor Sosa, somos la policía. Tenemos su casa rodeada. Por favor, salga usted desarmado, con las manos en la cabeza y sin oponer resistencia. Todo ha acabado y su única opción es que esto termine aquí y ahora.». Madre mía, debo estar dormido delante del televisor con una película policíaca entrando en mi subconsciente de manera implacable. ¿Quién debe ser ese tal señor Sosa? Voy a mirar por la ventana, debe ser en una casa cercana, se oye como si estuviera aquí enfrente. Un segundo, vuelven a hablar. Comentan que el tal señor Sosa debe responder por los actos del lunes por la noche. Está bien, a partir de ahora doy por hecho que finalmente hoy es martes, sino esta pesadilla no va a haber quien la entienda. De hecho, ahora mismo me lo estoy pasando incluso bien, creo que puedo llamarlo sueño. Voy a poner la televisión, en mi sueño claro, a ver si están dando alguna noticia del tal Sosa.

Efectivamente, la periodista informa mientras emiten unas imágenes: «Una grabación realizada por una cámara de control de tráfico, muestra al presunto agresor asestando el golpe de gracia a su víctima en plena calle. El que ha sido identificado por las autoridades como Fernando Sosa, residente en Rosario, reaccionó de tal manera al ser descubierto por el agente tras el atraco a mano armada de un banco del centro de la ciudad. Su cómplice y compañera puede verse también en la grabación, aunque su identidad no ha sido aún facilitada a este medio por las autoridades. Seguiremos informando.» Ay Dios, la foto que le han colocado al tal Señor Sosa, es la mía. Esto es un error muy grave y mi sensación ya no es la de estar un sueño, que vuelvo a subir a la categoría de pesadilla. Vamos hombre, ahora es cuando cambia la historia y estoy en otro sitio, o alguna de esas movidas sin sentido de los sueños. Esto es todo demasiado lineal y estoy empezando a sudar. ¿Se puede sudar en un sueño?

Entro en el cuarto a buscar mi ropa y ¿qué me encuento? Una jovencita de no menos de 23 y no más de 27, desnuda durmiendo en mi cama. Es increíblemente sexy y está recostada sobre montones de billetes que no reconozco. Cojo uno de ellos en silencio y confirmo que son del Banco Central de la República Argentina, tal y como se puede leer en su anverso. ¿Qué hago, la despierto o salgo y me entrego? Pero es que yo no soy Fernando Sosa y hoy no es martes. Yo no vivo en Argentina, yo no soy ni de este mismo hemisferio, joder. Me entregaré y lo explicaré todo. No, quién me creería. La despertaré y nos fugaremos. No, ni siquiera sé si hay un coche en mi garaje o cómo es la ciudad de Rosario. ¿Qué hago? A la policía parece que se le está acabando la paciencia y me dan un ultimátum.

Tengo la solución: me telefonearé a mí mismo. No al señor Sosa, sino al yo de fuera de esta historia. Me pediré ayuda. Nunca me negaría la asistencia a mí mismo, creo. Debo calmarme, me estoy riendo como un histérico. Llamaré desde el salón, no quiero despertar a la chica. ¿Cuál debe ser su nombre y cómo puede ser que no se despierte con el jaleo de fuera? Debe estar drogada.

Un momento, ¡claro, yo también debo estarlo. Eso es!

No estoy soñando, sino drogado. Recuerdo haber leído en un artículo que muchos escritores lo hacían, a menudo, para llegar a los rincones más retorcidos de sus educadas y socialmente domesticadas mentes. En otras ocasiones por el mero hecho de sentirse un espectador privilegiado dentro de sus propias historias. Quizás también por la mera experimentación o en la mayoría de los casos, para poder explicarse a ellos mismos las historias, sin conocerlas de antemano por estar ocultas en su Mister Hyde particular. Stephen King, Kerouac, Huxley e incluso el propio Stevenson eran algunos de los ejemplos señalados por el artículo. La noche del domingo, quise probarlo y creo que estas deben ser las consecuencias. No recuerdo haber leído en el artículo el método que usaban estos escritores para salir de sus propias creaciones, quizás ellos también se vieron envueltos en un problema como el que ahora tengo yo. ¿Cómo lo resolvieron? Lo desconozco, solo sé que estoy atrapado en mi propia historia. Mi ego me ha convertido en el interesante protagonista, pero mi falta de práctica, le ha dado en dicha historia, demasiada ventaja a «los buenos».

 

«Hoy no es martes» es un relato escrito a partir de la lista de propuestas de @AnWrites. En concreto la número 3. 

Aquí os dejo la dirección de su blog, muy recomendable. Con su permiso, seguiré usándo sus propuestas de vez en cuando.

Un saludo @AnWrites y gracias.

Un saludo también y muchas gracias, a Teresa Suau (@tsuaufa) por la ilustración.