Ilustración de Teresa Suau. Sigue sus creaciones en su Facebook o Instagram

“Pienso enamorarte” es un relato de Javi Fernández e ilustrado por Teresa Suau y que surge de la colaboración con el proyecto “Corín Tellado Revised“. Este original proyecto se basa en los libros que la autora Corín Tellado fue publicando en su carrera (según la wikipedia podrían ser hasta 5.000 novelas). Sin leerlos, ni investigar de qué trataban, el objetivo es escribir un pequeño cuento a partir de cada uno de sus títulos.

La idea es de Jordi Vendrell y Albert Vendrell, quienes se turnan en la mayoría de los títulos para hacer tanto el texto como la ilustración que los acompaña. De los primeros, ya existe una publicación en forma de libro, que podéis conseguir en Amazon y que desde Narranación recomendamos encarecidamente por su originalidad, creatividad y calidad en los relatos.

Así que, después de la invitación a participar en este proyecto, aceptamos el reto y éste es el resultado. Esperamos que os guste y cualquier cosa, nos comentáis.

Pienso enamorarte

Dic 19, 2017 | Relatos | 0 comentarios

Él era todo lo que no era yo.

Dicen que todos tenemos un doble en alguna parte y él jamás fue menos que nadie. Yo fui el afortunado ganador —véase aquí la ironía— que obtuvo el premio de ser como Eduardo. Pese a tener los dos la misma apariencia física, era yo el que se parecía a él y nunca al revés. Aquel hombre le otorgaba a nuestro metro ochenta y siete el porte y el empaque suficiente como para impresionar con su llegada. Y digo suficiente, porque era el justo: imponente pero sin causar rechazo por ser excesivo. Sus ojos eran, como no, intensos. Su mentón sostenía con seguridad unos labios carnosos y firmes, como lo eran también sus equilibradas y armónicamente trabajadas extremidades. Eduardo era un ganador nato, no le hacía falta inscribirse en las “primeras impresiones”, él siempre era el artista invitado y como no podía ser de otra forma, su escalada fue rápida e indolora. Enseguida fue una celebrity en redes sociales y los diferentes programas de televisión no tardaron en hacerlo una estrella mediática para aquella gente que aún necesita de una sobremesa. Era un creador de tendencias para los jóvenes; era feminista y ecologista; era el yerno perfecto para hombres y mujeres que cumplían los cincuenta —los nuevos cuarenta—. Era el modelo a seguir para los de su misma edad y según los más sabios, el perfecto sustituto para aquellos desagradecidos nietos que nunca les visitaban. Y después estaba yo, en resumidas cuentas, la suma de sus descartes. Yo era, para que me entendáis, un Eduardo sin filtros de Instagram. De hecho, así es como empezó todo, en una red social. El pasado septiembre, uno de sus haters —que, como amado que era, también los tenía— hizo viral una foto con la frase: “Los famosos sin maquillaje: Edu Erún”. En la foto “buena”: él; en la foto “mala”: yo, medio dormido en el metro.

A mí nunca me gustó la gente en general ni la mayoría de personas en particular, los odiaba. Ellos solían odiarme a mí y consecuentes como nunca, me hicieron sufrir mucho en aquellos días. Cada vez que salía me confundían con él. Cada vez que entraba en una cafetería me apuntaban con las cámaras de sus teléfonos. Escribían sobre mí, otorgando a Eduardo mis méritos: «Cómo ha cambiado Edu» decían, «Qué borde es en persona», «Por Dios, ¡Qué carácter!».

Un día, apenas unas horas después de que geolocalizaran una foto donde aparecía yo lanzando improperios al autor de la misma, Eduardo se presentó en mi casa; solo, por sorpresa y oculto tras un estudiado camuflaje. Tras reconocerlo lo hice pasar. Esperé paciente a que se quitara una chaqueta de marca, larga y con capucha, que cubría un impoluto traje. Empecé a acumular ira contra aquel original del que yo era una copia mal impresa. No abrió la boca y aún así, me recordaba lo mal acabado que estaba yo. Qué asco me daba el tipo. Nunca me creí violento, pero frente a las ganas de entendimiento que me mostró tras su sorpresa inicial ante nuestro parecido, mi subconsciente actuó de la misma manera que con todo lo demás: si él no lo era —violento—, yo lo sería por él. Agarré una estufa catalítica a la que amaba profundamente y sin desenchufarla le golpeé en la cabeza. Uno de los cantos le abrió la sien y la rejilla metálica le marcó la cara de bobo como si fuera una hamburguesa a la parrilla. Perdió el sentido y cayó al suelo sin apenas despeinarse, pero yo quería verlo con el pelo sin acicalar  —para ver si así se parecía más a mí—, así que traté de despeinarlo a golpes con la estufa. El problema es que también le deformé la cara por completo. Y la cabeza. «¿Qué tal me sentará su traje?» pensé. Lo desvestí, me lo puse y de repente fue como si me viera obligado a caminar más erguido. Me empezaba a dar un aire a Edu y ya no pude frenarme. Como referencia, busqué en mi móvil su foto de la portada del mes de Trend&Cool&Man y le copié el peinado. Me afeité y me recorté los pelos de la nariz y las cejas.

Al salir del baño, vi que la estufa, aún encendida, había prendido fuego al combustible que era la laca de su pelo. Las llamas corrían libres por la moqueta, cerca de las cortinas. Ponerme en ese momento a extinguirlo habría sido como dar al traste con todo el trabajo, así que el incendio me pareció muy pertinente. En uno de los bolsillos de la chaqueta, encontré las llaves de uno de esos coches de alta gama. Lancé al aire el llavero para volver a cogerlo al vuelo con mucha seguridad y salí por la puerta sin ni siquiera preocuparme por cerrarla. Ya en la calle, me asaltaron varias jovencitas, fotógrafos y algunas ofertas deshonestas. Amable, saludé a los presentes y planté en mi cara una sonrisa desconocida para mí hasta ese momento. Encandilados, no prestaron atención al humilde hilillo de humo que ya empezaba a escapar de la vivienda de aquel completo desconocido, que quedaba atrás para calcinarse sin remedio.

Él era todo lo que no era yo. Aquél al que dejé ardiendo en mi apartamento, aquél al que odiaba: ardió hasta los huesos. Y ahora, yo, Eduardo Erún, pienso enamorarte a ti, a ti, a ti y a ti. Pienso enamoraros a todos.

“Pienso enamorarte” es un relato de Javi Fernández para “Corín Tellado Revisited”

La ilustración “Pienso enamorarte” es obra de Teresa Suau para “Corín Tellado Revisited”

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