Extracto de “Los mundos de Kun – La cueva de los recuerdos. Cap.3”

Todos entramos en segundo lugar. Quiero decir que Brú entró primera y el resto lo hicimos después tan apretados y juntos como un pelotón de goblins. En el interior de la choza, aparentemente de una sola estancia, había objetos extraños por todas partes y tantas estanterías, mesas y repisas como murciélagos en la montaña invertida. No era grande, pero su interior parecía no tener límites, porque entre los recipientes de cristal, a través de sus coloridos líquidos, se agazapaban pequeñas y esquivas cavidades; entre varios libros apoyados en tortuosos anaqueles se ocultaba un doble fondo entre tinieblas; bajo algunas grandes botas tapadas con corchos morados descansaba una catifa roída que pretendía disimular una trampilla. Cada rincón de la cabaña era como una cortina ineficiente que intentaba esconder secretos y lugares nunca vistos. Y plantado frente a lo que parecía una cocina de leña, Zon-hurg nos daba la espalda medio encorvado, en los dos sentidos. El medio-cuervo agachaba su cabeza sobre el pecho, mostrándonos únicamente una coronilla oscura y pelada, mientras realizaba unos movimientos rápidos y certeros de lado a lado. Sus hombros marcaban el compás del resto de su cuerpo que, como una coreografía, bailaba al son de una música que solo él parecía escuchar.

Hermanos Laplace

Autores del relato

Joan Sallent

Ilustración

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