Insomnio silvestre

El insomnio me abraza a las 3 de la madrugada, me abraza hasta asfixiarme y me dejo poseer. Una cierva de color canela me seduce hasta los bosques de mi infancia. Entre encinas y pinos veo tesoros que me hacen avanzar gateando en comunión con lo salvaje, insectos brillantes decorando huesos, plumas que trenzo en mi cabello, margaritas y dientes de león que duermen. Un ciruelo se me aparece y empiezo a trepar. Sentada en una rama cojo dos ciruelas y las pongo en mi falda mientras devoro la carne de la tercera, mancho mis labios, mis dedos, del rojo de los frutos. Un ave se une al festín, como una hermana se posa entre mis manos y la acaricio, la dejo revolotear y vuelve a mis manos rojas. Quiere mi calor. Los primeros rayos de luz asoman entre las encinas y también las primeras lagrimas de saber que todos estos momentos están a punto de abandonarme.

Amanezco de nuevo en la cama con el sabor silvestre en la boca, los labios y los dedos rojos, las rodillas moradas, y un puñado de recuerdos.

Sheila Uve

Autora del relato

Teresa Suau

Ilustración

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