Sueños - Ojos verdes Ediciones

Relato que presenté en el I Concurso de formato libre Ojos Verdes EdicionesPremiado con un accésit e incluido en la selección de relatos que forman parte de la edición impresa de nombre “Sueños”

En los huesos

Esa noche me sentía pesado. Había devorado mucho más de lo que era capaz de digerir. Debía deshacerme de los quilos que me sobraban. Era el momento y el lugar perfecto, donde nadie me observaba ni escuchaba.

Sin dudarlo, empecé por desnudarme. Agarré el tirador adosado bajo mi axila derecha y observé como cada diente de la cremallera se iba desencajando. Mi piel se abría, arrugándose en pliegues y dejando ver la sangre, el músculo y los tendones. Aquella piel que no hacía más que recordar y recordar cada enfado y cada alegría, quedó amontonada en el suelo, como un mono de trabajo sucio y viejo.

Girando hacia el lado contrario de la nada, que en ese momento me envolvía de manera imposible, me acerqué al amasijo de tubos oxidados. Abrí el grifo e inmediatamente el chorro de agua caliente que caía desde la ducha, me quitó toda la sangre coagulada. Limpio y aséptico, pasé al siguiente paso.

Lo primero en quitarme fue el estómago. Necesitaba dejar de lado los pocos escrúpulos que me quedaban si quería llegar hasta el final. Sin duda era la traba principal que hacía a ciertas personas intocables en última instancia. También la paciencia, esa maldita cuerda que mientras me mantenía maniatado, llenaba mi hígado de afiladas piedras que me desgarraban por dentro. Y sí, grande y oscuro, él fue el siguiente.

Al tacto, los riñones se quejaron haciéndome recordar cada uno de mis traumas. El sentimiento de soledad que almacenaban era tan antiguo como lo eran mis recuerdos y mi uso de razón. De un tirón los arranqué y los lancé tan lejos, que el vacío los reclamó para sí.

—¡Allí se pudran! —Chillé con todas mis energías. El grito me sonó ridículo y sobreactuado. Qué extraña sonaba mi voz sin ningún tipo de eco, de retorno o respuesta posible. ¿Qué sentido tenía ya quejarse? Tenso, escuché ahogarse a mi último aliento mientras con cada mano me deshacía de los rosados pulmones. Ligero y sin límites se apoderó de mí la enajenación total. Acelerado me seguí despojando sin miramientos de mi sexo, de todo lo material que me oprimía los intestinos. De la vejiga y de un sinfín de glándulas y órganos varios. Mis ojos y mi lengua. Mi cerebro. Al final, sólo el páncreas y el corazón: la amargura y el amor. Uno en cada mano, pero aún unidos a la carcasa que era yo. Crueles, me obligaban a elegir entre el uno o el otro.

Tomada la decisión, desperté sudado y adolorido. La luz del día me decía que tenía mucho trabajo aún por delante, solo había sido un sueño. Mis órganos tienen memoria y me controlan como dictadores, sin ellos solo me quedan los huesos. Como su esclavo seguiré con el deseo de arrancármelos de vez en cuando. Aunque sea en sueños.

Si os apetece leer tanto a los relatos y poemas premiados, como a los demás seleccionados que aparecen en el tomo, podéis haceros con él aquí. También podéis ver toda la oferta de la editorial en su web, facebook o seguirlos en twitter.

Me gustaría agradecer desde aquí a Ojos Verdes Ediciones tanto por el premio como por el trato. Un abrazo!

 

 

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