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“El trío” es mi relato seleccionado para la publicación “Relats Eròtics” Ed. Neurosi 2016. Se trata de una selección de relatos escritos tanto en castellano como en català. Los ganadores de esta edición son:
Pere Pèries Nosce Te Ipsum (Coneix-te)@pere_peries
Juanma Velasco “Lo que el cielo ha unido” – @Juanmavelasco1

 El trío

Queridos, aunque la educación y la buena etiqueta recomiendan siempre iniciar una nueva relación social —sea ésta oral, escrita o presencial— con la presentación de los participantes, permítanme que en esta ocasión sean tanto sus nombres como el mío propio, deliberadamente omitidos. Bastará con que me conozcan como Valeria, a la que quizás recuerden de otros relatos, si son ustedes habituales lectores inquietos y ávidos de experiencias sexuales ajenas, sin ser éstas burdas o vulgares, sino simples representaciones de aquello que todos deseamos alguna vez. Pues todos tenemos deseos y fantasías inconfesables, ¿no es cierto? Siéntanse entonces invitados a la experiencia que a continuación me dispongo a narrarles, pues es una de mis favoritas. En mi carrera he asistido y alentado a la creación de muchas de ellas y mis arrugas no son más que los cauces de innumerables vivencias. No revelaré mi edad, aunque considerable, cumpliendo ahora sí los estándares de la cortesía. En todos estos años que acumulo, siempre he modificado y adaptado las reglas, según convenía y no será ésta un excepción. Hilando este leitmotiv vital, con la historia que me apetece contarles, sin más dilación y disculpando mi lenguaje ya algo anacrónico, me dispongo a comenzar.

Si bien es cierto que uno de los grandes tópicos en las fantasías eróticas, es precisamente el hecho de quebrantar las reglas establecidas, no es, bajo mi punto de vista, más que eso: un eficaz recurso para el escritor y bastante resultón, si me permiten el coloquialismo, para el lector impaciente. Pero en ocasiones, es precisamente la introducción de una nueva regla y su cumplimiento, la que invita a aquél o aquella que se cree fiel a lo correcto, virginal en lo decoroso e inamovible en su rutina, a abandonar su zona de confort; a dejarse llevar por cauces que siempre ha deseado. Aquél o aquella que solo precisa de un pequeño empujón. Una norma hecha a medida, que le haga pensar, que aquello que va a experimentar, sigue estando dentro de lo que reconoce como su abanico personal de posibilidades.

Era una pareja modelo y tan aburrida como para requerir mis servicios. Cuando acudieron a mí, enseguida supe qué era lo que estaban buscando, pues se lo estaban diciendo el uno a al otro con miradas y gestos, evidentes para alguien como yo, acostumbrada a ese tipo de lectura: la de los cuerpos y el deseo. El pudor y las consecuencias siempre habían sido el freno, pero ante aquella nueva regla que les presentaba en bandeja, no pudieron más que rendirse al deseo mutuo de hacer un trío. Como ya sabían, consistía en practicar sexo entre ellos, incluyendo a una tercera persona. La novedad en este caso sería que no podrían verla en ningún momento. Así que antes de entrar en la habitación asignada, vendaron sus ojos, sin saber si la tercera persona, sería una artista invitada o por el contrario un invitado.

Se fueron desnudando poco a poco, tensos. Cuando solo los vestía la cinta de terciopelo negro, se relajaron mínimamente emitiendo una sonrisa cómplice. Un “estoy aquí” que en realidad encerraba un evidente “¿estás ahí verdad?” Él se sentó con las piernas abiertas y el torso inclinado hacia atrás, apoyado en el colchón con sus antebrazos. Ella, en cambio, se sentó con las piernas juntas y recogidas sobre su pecho, ocultándose tras una frontera de nervios y la piel en guardia. Sin prisa y junto a la nula visión, los minutos fueron fomentando la relajación y la imaginación. Mecidos por la calma, fueron olvidando y en sus mentes, la persona esperada, iba adquiriendo formas diversas. Ella, viajó por las profundidades del océano y el corazón de un volcán, encontrando en cada una de esas localizaciones, seres cargados de sexo y fantasía. En ocasiones, sin tan siquiera un cuerpo estrictamente masculino, pero capaces de transmitir una carga sexual tal, que la iba conmoviendo desde las entrañas, calentando sus partes más íntimas. Él, siempre le puso un rostro a la fantasía, según iba recordando a todas aquellas excompañeras de universidad, o a aquella a la que nunca se atrevió retar con la mirada.  El mero hecho de esperar el primer contacto, el primer aliento sin más vestido que la piel y el terciopelo, excitaba cada parte de sus cuerpos. Erectos, seguían como mojigatos sin tan siquiera estirar sus brazos, esperando. Esperando a ser guiados por una mano más experta y que con su llegada, provoca que se esfume al fin el aislamiento. Sin palabras ni susurros, solo un estremecimiento que sale descontrolado y sonoro de uno de los dos: el que recibe la primera caricia del tercero en escena. Y no son capaces de saber si el receptor ha sido el uno o la otra, pero llegados a este punto no les importa en absoluto. Todo se vuelve presente y ese primer contacto no es para nada brusco, sino templado y pausado. Se transforman en gatos que rozan sus espaldas. Espaldas que se arremolinan las unas con las otras mientras los brazos, aún caídos a los lados, luchan por no reaccionar con violencia. De repente, unos dedos ansiados, una mano, un brazo y un cuerpo acompañado de una respiración, jadean acelerando, escupiendo humedad y sexo. La timidez desaparece y se embriagan entre ellos con roces que desprenden texturas habituales, mezcladas con lo irreconocible y desconocido. La tercera persona los excita y ríen de manera nerviosa.

Para ella, sin duda se trata de un hombre. Sus manos agarran sus pechos y nalgas con la fuerza de unos dedos largos y fuertes. Los labios de su pareja le besan el cuello mientras un aliento que no es el suyo, respira excitado entre sus piernas. Él reconoce cada curva; la piel y el olor, la mezcla de sudor y fluido. Lo vuelve loco  la manera en la que “la Otra” saborea su sexo, y como le hace perder finalmente el control de sus manos, que aprietan con fuerza los senos de su pareja. Los aborda desde la suave y templada espalda sobre la que tantas veces se ha recostado. A medida que la danza se acelera, la tercera persona se va convirtiendo en el combustible, pero ellos en la llama. Se buscan entre la carne ajena y les sobra ya el resto del espectáculo. Olfatean sus rastros en busca de alimento. “Ven” le parece escuchar a él entre gemidos, “ven” le parece escuchar a ella entre bufidos. Están ya entre nubes y zarzas.

Finalmente, una mano les quita a ambos la venda.

Cuando sus ojos se acostumbran a la escasa luz de la sala, solo ellos dos jadean en la habitación. Tumbados y solos, se miran y acaban aquello para lo que han venido. No dura demasiado, pero a ellos les parece un grito eterno y no echan de menos ningún otro sonido.

Valeria

 

Si queréis leer tanto los relatos ganadores como el resto de relatos seleccionados, podéis haceros con el libro en la web de la editorial, tanto en formato digital como en papel.

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1 comentario

  1. roberto fernandez

    El trio, la magia de la sugestion, la imaginacion, el miedo a lo desconocido… muy bueno.

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